Corría 1999, vísperas de la elección de La Constituyente. José Vicente Rangel (una mente aguda, que veía lejos) me invitó a la Cancillería. Asistí y me dijo: “Chávez va a ser imbatible en lo político. Va a tener más poder que Gómez. Pero puede no estar entendiendo bien la economía. Te propongo que tú y otros economistas conversen con él”. Acepté. Salí de allí a hablar con mis hermanos, Emeterio Gómez y Miguel Rodríguez, que también aceptaron, pensando en el país. Todo estaba dispuesto para un desayuno en La Casona. Tres economistas liberales invitados por Chávez para oír su visión sobre hacia donde debería ir la economía venezolana. Me llamaron del despacho presidencial. Se agendó una fecha. Mas el día anterior, otra llamada de Miraflores. Suspendido el encuentro, sin fecha…Hasta más nunca.
Lo cuento no con nostalgia, sino como enseñanza. JV tenía toda la razón. Si Chávez hubiese entendido esa idea básica de que es el poder del *ciclo ahorro-inversion, acompañado de la ambición humana en el marco de la competencia, lo que hace prósperas a las naciones, Venezuela habría saltado al nivel de país desarrollado al impulso de ese gigantesco liderazgo carismático en un momento históricamente formidable. Pero Chávez, Giordani, Rafael Ramírez, etc., jamás comprendieron ni el valor central de la economía para el éxito de toda nación, ni las leyes que gobiernan al mercado, que son inmanentes a la producción e intercambio de toda sociedad porque son leyes afincadas en conductas propias de la naturaleza humana.
En 1999 Venezuela vivía, para su tiempo, UN NUEVO MOMENTO POLÍTICO, pues había terminado la hegemonía AD-COPEI. Chávez deslumbraba a todos los demás y se encandilaba a sí mismo, encumbrado en aquella montaña formidable de poder político. Podía haber hecho girar a Venezuela hacia el desarrollo pero los marxistas que lo rodearon eran incapaces de comprender la economía. De allí vino la destrucción económica que hoy sufrimos.
Sin embargo, no es momento de quejas ni pesimismos. Hoy estamos, otra vez, viviendo UN NUEVO MOMENTO POLÍTICO. El 3E terminó, de manera abrupta y en medio de una vergonzosa bofetada a la soberanía nacional, una hegemonía de 27 años, que pulverizó el salario, destruyó la moneda y se deja como herencia un desolado cuadro de devastación material e institucional de la República. Pero justamente en momentos así es cuando las naciones se empinan sobre sí mismas, cuando levantan la mirada y ponen la vista en el horizonte.
Este NMP tiene muchos retos y tareas, pero sus prioridades se resumen en dos:
• Recomponer las bases políticas de la República para que, convocada la Soberanía Popular cuando corresponda, ella resuelva el Destino Nacional, encarrilado sobre los ejes de la reconciliación y el respeto entre todos los venezolanos, lejos de toda tentación hegemónica.
• Y reconstruir o levantar la economía nacional hasta los niveles de su inmenso potencial para generar prosperidad sustentable para los 33 millones de compatriotas, cuya inmensa mayoría sufre hoy, dentro y fuera del territorio, penurias que no se corresponden ni con las capacidades de nuestra gente ni con las inmensas riquezas que la providencia colocó en esta tierra llamada Venezuela.
Aunque algunos dirigentes políticos andan desaforados pidiendo elecciones presidenciales urgentes, la tarea primera del país no es la electoral. Es, claramente, la Recuperación Económica, como lo plantea la llamada secuencia Rubio, ERT: estabilización, recuperación, transición. Y esta prioridad económica ya ha empezado, y con buen pie. Su comienzo es sólido, promisorio, algunos dirán sorprendente, aunque para un economista no debería ser sorpresa que Venezuela atraiga todas las miradas del mundo, si a esa constelación de oportunidades en todos los campos que nosotros somos le quitan de encima esa lápida granítica del socialismo del siglo XXI.
Veamos apenas un manojo de indicadores:
• Hay un consenso acerca de que este año tendremos un alto crecimiento del PIB, de dos dígitos, por sobre el 15%. Ninguna otra economía en el mundo crecerá a esa tasa, y ello será mayoritariamente con base a inversión privada.
• La producción petrolera pasará de menos de un millón a 1.5 MBD, con un salto en ingresos por cuatro vías: aumento del volumen exportado; aumento de los precios internacionales del crudo; desaparición de los descuentos de hasta 40% que hacíamos a China y otros clientes del mercado negro; y no más envíos de petróleo gratis a Cuba.
• Venezuela se está reinsertando aceleradamente en los circuitos financieros internacionales. Ya retornó al SWIFT, ya inició un proceso formal de normalización con el FMI, que llevará aparejado la reanudación de relaciones con el BM y el BID, con todo lo que ello significa para volver a acceder al financiamiento de estos organismos, cruciales para apalancar el desarrollo.
• El gobierno, vía bonos, hizo un aumento del ingreso de los trabajadores, modesto para la cuantía del retraso salarial, pero responsable en tanto se financió sin aquella nefasta práctica de aumentar salarios a cada rato imprimiendo dinero inorgánico, que en días dejaba el poder adquisitivo real de salario aumentado por debajo del nivel previo al aumento nominal. Por supuesto que son esperables nuevas mejorías a lo largo del año, según va la economía, pero nada sustantivo ocurrirá en esta materia mientras no se entre a lo medular, que es la reforma de esa antisalarial que es la Ley del Trabajo, que fue de las peores herencias de Chávez.
• Venezuela modificó, con un giro de 180 grados hacia la modernidad, la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Minas, con lo cual ya estan llegando al país todas las grandes empresas del mundo en ambos campos, donde Venezuela tiene un potencial que ningún otro lugar del planeta puede igualar. La decisión reciente del gigante Exxon de regresar, después de haberse mostrado renuente ante el presidente Trump en la propia Oficina Oval, es una confirmacion de que no hay en el planeta inversionista que quiera quedarse fuera de la excepcional oportunidad venezolana.
• El aeropuerto de Maiquetía, que debería ser el mayor hub aéreo de la región y estaba prácticamente desértico, ha vuelto a la vida y ya rondamos la treintena de conexiones internacionales; y, desde la emblemática AA hasta las modestas low cost regionales, no hay aerolínea importante del mundo que no esté buscando conectar con Venezuela.
• Ha habido cambios importantes en los equipos económicos que privilegian lo técnico sobre lo ideológico, como debe ser. Faltan muchos, cruciales a la confianza la transparencia y la eficiencia en ese campo, como BCV, SENIAT, Superintendencia de Bancos, PDVSA, Contraloría General, FOGADE, pero las señales que se dan con los nombramientos y la actitud favorable hacia la inversión nacional y extranjera es un cambio sideral respecto al discurso antiempresarial del “¡Exprópiese!”.
• El mercado cambiario luce mas estable que antes del 3E. La brecha entre mercado paralelo y oficial se ha reducido, y debería desaparecer antes de fin de año. El BCV tiene cómo alimentar ese mercado, aunque no es el volumen que se suministre lo que calmará su sed sino la transparencia, que es lo que hace que todos los mercados cierren en el punto de equilibrio.
• Finalmente, aunque jerárquicamente es lo primero, se ha anunciado la determinación gubernamental de acometer la reestructuración de la gigantesca deuda pública externa. Una tarea crucial para sanear las cuentas públicas, retornar a los mercados financieros voluntarios (poder colocar bonos de deuda pública) y acceder de nuevo al financiamiento multilateral concesional. ESA ES LA PRIMERA META EN UN PLAN DE RECUPERACIÓN ECONÓMICO SÓLIDO. Por supuesto, requiere un equipo negociador del lado venezolano de alta calidad profesional, pivoteado sobre un BCV fuerte técnicamente, con un respaldo político compacto de la institucionalidad y la opinión pública, y, de manera imprescindible, el acompañamiento técnico y el aval financiero del FMI, cuya experticia y autoridad es la máxima en esta materia. Acá, la tarea es ardua, desde contabilizar y discriminar esa deuda por tipo de instrumento, plazos, tasa de intereses, legitimidad, tenedores, etc, hasta lograr el agrupamiento máximo de los acreedores y presentar un plan que muestre muy razonadamente las potencialidades futuras y limitaciones actuales de Venezuela, de forma de obtener (cómo estoy convencido que obtendremos) un elevadisimo descuento, porque para la comunidad financiera internacional las ganancias que puede obtener en nuestras próximas décadas de prosperidad supera con creces cualquier quita que le hagan a una deuda que, en muchos casos, ya rindió más que el capital invertido.
Con todo lo que está pasando en la economía en este Nuevo Momento Político es como para que nuestra clase política entienda y asuma la conveniencia y contundencia de priorizar lo económico sobre lo electoral, porque es una falacia del tamaño del Ávila decir que no habrá recuperación económica si no se convocan primero elecciones presidenciales. Recuperación económica ya la hay y es, en términos macroeconómicos, sustantiva y sólida, porque está montada sobre la recuperación, en primer lugar, del colosal eje petrolero Venezolano, único en el mundo. Que el trickle down no se sienta de inmediato en toda la sociedad, especialmente en nuestros preteridos trabajadores y pensionados, también es una realidad lacerante, que usualmente es así en estos procesos económicos; y por eso, esos sectores no pueden dejarse sólo a la buena del ritmo normal de la economía sino que requieren iniciativas específicas efectivas. PERO NO PUEDE NEGARSE QUE HAY UNA NUEVA PERSPECTIVA Y TAMBIÉN UNA NUEVA REALIDAD DE RECUPERACIÓN ECONÓMICA, que no sólo no está condicionada a Elecciones Ya, sino que, por el contrario, se interrumpiría si se convocara una elección presidencial calcada como réplica de la confrontación del 28J. No requiere mucho argumento saber que esa repetición no resuelve nada y lo agrava todo.
Comparando con aquel momento del 99, en que JVR veía tanto la política como la economía, Venezuela está hoy ante una oportunidad excepcional. ÚNICA. No tenemos un caudillo carismático (¡gracias a Dios!) pero debemos tener el aprendizaje de tantos años de errores, antes, durante y después de Chávez. Y como casi todo hay que reconstruirlo, esa reconstrucción (como en la Alemania del Plan Marshall en la postguerra) es una extraordinaria oportunidad, económica y política.
Ésa es la oportunidad que los políticos, subsumidos en candidaturas de todo tipo a elecciones sin fecha, no pueden ver. Ésa es la oportunidad que el gobierno de la Presidenta (E), tomando por los cuernos la narrativa prioritaria de la RECUPERACION ECONÓMICA ya en marcha, debe salir a proyectar. Es la hora de una gran propuesta política que coloque en su sitio la demanda absurda de un elección presidencial YA y de salir, en un road show, dentro y fuera de Venezuela, a mostrar con fuerza esa gigantesca oportunidad de progreso y bienestar que Venezuela tiene ante sus ojos como ningún otro país del mundo. Eso sí, en estrecha alianza con los Estados Unidos de América, cuya relación nunca debió llegar al dramático 3E, y que deberá retornar a la de dos naciones con nexos profundos mutuamente favorables como siempre fue y nunca debió dejar de ser.
