Beato Dr. José Gregorio Hernández
Beata madre Carmen Rendiles.
LA SANTIDAD EN VENEZUELA
Eduardo Fernández
21-06-2025
Su Eminencia Cardenal Baltazar Porras
Presbítero Gerardino Barracchini
Madre Rosa María Ríos
Agradecido por la invitación a participar en este conversatorio sobre la santidad en Venezuela, a propósito del anuncio hecho por el Santo Padre León XIV sobre la canonización de los dos beatos venezolanos, el Dr. José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles, ya declarados santos a comienzos del año, que tendrá lugar en Roma el 19 de octubre de este mismo año.
Ese anuncio ha llenado de júbilo los corazones de toda la feligresía de la Iglesia en Venezuela y de todos los venezolanos que compartimos la alegría de ver, elevados a los altares, al santo médico de los pobres Dr. José Gregorio Hernández y a la santa María Carmen Rendiles, fundadora de la Congregación de las Siervas de Jesús.
Y no sólo agradecido por la invitación para participar en este conversatorio, sino muy honrado de compartir este foro con mi admirado amigo de muchos años, el Cardenal Baltazar Porras. Y de compartir también con el presbítero Gerardino Barracchini y la madre Rosa María Ríos, que han trabajado con dedicación en el proceso de canonización de nuestros nuevos santos. E igualmente tengo necesariamente que mencionar en mi agradecimiento al presbítero Gaspere Salerno, promotor principal de este evento. Muchas gracias, querido padre Rino.
Lo primero que tengo que decir o, mejor dicho, recordar, es que todos los hombres y las mujeres estamos llamados a la santidad. El evangelio según Mateo 5,48 nos dice que el Señor nos ordenó: “Sed perfectos como mi padre celestial es perfecto”. Y Juan 13,34 nos dice: “Que os améis los unos a los otros, como yo los he amado. En eso reconocerán que sois mis discípulos”.
El llamado a la santidad está pues dirigido a todos los seres humanos. La invitación a ser perfectos, como el padre celestial. Nada menos y nada más: “sed perfectos, como mi padre celestial es perfecto”. Y la segunda cita tiene que ver con el hecho de que el centro de la santidad es un camino de amor, de la plenitud del amor. Por eso es tan importante recordar la invitación a que “nos amemos los unos a los otros, como Él nos ha amado”. Es poner la mirada y el corazón hacia afuera, no hacia dentro.
Y es bueno recordar cuánto nos amó Él. Nos amó hasta dar la vida por nosotros, y no hay manera más excelsa de demostrar amor que dar la vida por la persona amada. ¡Y el Señor nos amó hasta el extremo, hasta la muerte y muerte de cruz! ¿Y eso que significa para nosotros? Vivir como Él, pendiente de los otros, haciendo el bien y ayudando a todo el que se iba encontrando en el camino. “Cada vez que lo hiciste a uno de los más pequeños a mí me lo hiciste” (Mt 25,40).
Pues sí, el llamado a la santidad está dirigido a todos, sin excepción. Y debemos reconocer que hay quienes atienden ese llamado de manera integral, muchos muy silenciosamente y otros poniendo de manifiesto grandes virtudes, todos con gran fortaleza y dedicación. Es el caso de los santos que son reconocidos. Particularmente de los dos compatriotas que hoy celebramos.
Los santos cumplen, entre otras funciones, la de ser ejemplos de vida, vidas ejemplares, ejemplos a seguir.
En el caso de. José Gregorio Hernández, nacido en una modesta población, en la montaña andina, en Isnotú, en el estado Trujillo, su vida estuvo caracterizada por su profunda espiritualidad y compasión. Fue un testimonio permanente y admirable de amor a Dios y amor al prójimo. Una vida que estuvo impregnada por la fe, por la devoción, por el amor y por la dedicación al servicio.
Como nos recuerda el querido padre Rino, José Gregorio desde su más temprana juventud “mostró una profunda piedad cristiana y un compromiso firme con su fe, viendo en cada ser humano una imagen de la divinidad y aceptando con humildad su destino divino”.
La de José Gregorio fue una vida caracterizada por una “rutina diaria de devoción, incluyendo su dedicación a la oración, su asistencia constante a la santa misa, su compromiso con el rosario, su integridad y su profunda religiosidad”.
Es conocida su breve experiencia de vida monástica, como Fray Marcelo, en la Cartuja de Farneta y su permanente vocación laica, dedicada al servicio médico -conocido como el médico de los pobres- y a la educación, especialmente en las disciplinas que tienen que ver con la salud de los seres humanos.
La vida de José Gregorio Hernández es un testimonio constante de amor a Dios y de amor al prójimo. Y son esas virtudes practicadas de una manera heroica las que lo llevan al reconocimiento oficial de su santidad y las que lo llevan a ser recordado por sus compatriotas con inmenso amor y con mucho respeto y devoción.
El ejemplo de nuestro querido médico es un ejemplo de amor y de servicio. Por eso es santo. Y por eso ha sido elevado a los altares. Por eso, después de un muy exigente y difícil proceso llevado adelante en la Santa Sede en Roma, que hemos visto culminado gracias a la devoción y perseverancia de su pueblo agradecido, será proclamado santo, como lo anunció el santo padre León XIV, en la Plaza de San Pedro, en Roma, el próximo 19 de octubre de este mismo año, 2025.
En cuanto a la madre Carmen Rendiles, siguiendo la tradición de otras santas mujeres venezolanas, como la madre María de San José y la madre Candelaria de San José, fue fundadora de una congregación religiosa y una vida consagrada al servicio de pueblo venezolano.
Una mujer buena y útil, con limitaciones físicas que le hacían más difícil su camino y que supo, sin embargo, seguir adelante en su propósito de servir a Dios y a los demás. Una vida coherente y fundada permanentemente en los valores del evangelio.
La madre Carmen Rendiles fue una mujer venezolana de fe profunda y de una admirable dedicación al servicio del prójimo.
A lo largo de su vida dio testimonio de las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. También de las virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y de las llamadas virtudes anejas como la pobreza, la obediencia, la castidad y la humildad.
Su elevación a los altares es un testimonio de como la iglesia reconoce y propone al pueblo creyente modelos de santidad.
Lo que creo que más interesa en este conversatorio es llamar la atención de todos los venezolanos, no sólo de los feligreses de la iglesia católica en sus distintas diócesis y arquidiócesis, sino de todos los ciudadanos de este país, acerca del ejemplo dado por dos compatriotas excepcionales, cuyas vidas deben ser ejemplo e inspiración para todos.
¡Qué distinta sería Venezuela si todos nosotros los venezolanos siguiéramos el ejemplo de santidad y de amor que dieron José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles!
¡Qué diferente sería nuestro país si todos tratáramos de hacer de nuestras vidas un ejemplo de amor a Dios y de amor a los hombres! “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Es el secreto de una vida completa, realizada y feliz.
Si algo tienen estos dos compatriotas en común es que practicaron el amor a Dios y el amor al prójimo de manera admirable.
Aprovecho para recordar que existe una causa de beatificación abierta en Venezuela en relación con la vida y el ejemplo de conducta cristiana de otros dos venezolanos, que dieron ejemplo de amor a Dios y al prójimo de forma memorable. Se trata de Arístides Calvani Silva y de su esposa Adelita Abbo de Calvani. Cada uno de ellos vivió una vida de cristiano ejemplar, pero, además, ellos como matrimonio y como familia dieron ejemplo de auténtico matrimonio cristiano.
Arístides fue un político. Recordemos que el santo padre Pío XI dijo alguna vez que” la política es la forma más excelsa de la caridad (o sea, del amor) después de la religión”. No es esa, por cierto, la imagen que tenemos hoy en Venezuela de la política y de los políticos.
¡Qué bueno sería que el ejemplo de un político que fue santo, un santo político, sirviera para que la política y los políticos en Venezuela procuraran acercase al ejemplo de santidad que dio Arístides Calvani!
Podríamos, viendo su vida dedicada al servicio público desinteresado, rezar: Señor, danos políticos santos y sabios. Danos políticos que entiendan que la política, como dijo Pío XI es una forma de la caridad, que es para servir al bien común y para servir a las personas y nunca para satisfacer apetitos mezquinos de poder y de dinero. Señor, danos muchos políticos santos y sabios.
Y Adelita, su esposa, fue un ejemplo de trabajadora social, sin tregua, ni descanso. Un ejemplo de una mujer consagrada al servicio del prójimo, de los más vulnerables, de los más pobres.
Y la pareja que ambos formaron y la familia que fueron capaces de constituir, un ejemplo de matrimonio cristiano.
La elevación a los altares de José Gregorio Hernández y de la madre Carmen Rendiles es una fiesta inolvidable para todos los venezolanos. Es un triunfo del amor sobre el odio. Es un triunfo de la virtud sobre el pecado.
¡Qué bueno que este mensaje de amor atravesara las fronteras y llegara hasta las sufridas y martirizadas tierras de Ucrania y de Palestina! De Rusia, de Irán y de Israel. Porque la elevación a los altares de José Gregorio y la madre Carmen es también un triunfo de la paz sobre la guerra, de la generosidad sobre el egoísmo.
Y para terminar quiero decir, con las palabras más sencillas que pueda lo que considero que es un santo en el día de hoy.
Hay muchos santos en el cielo. Muchos que son reconocidos por su santidad y son elevados a los altares. Pero hay también muchos más santos anónimos, que no hacen grandes milagros, pero que viven una santidad humilde, sencilla y constante.
Santos son todos los que viven para amar y servir, como quería Ignacio de Loyola “en todo amar y servir”.
Santo es todo aquel que pasa por la vida amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como así mismo o, incluso, más que a sí mismo.
Santos son los que viven cada día sin odios, sin rencores, sin culpas, sin miedos. Los que viven cada día con fe, con gratitud, con alegría.
El que prodiga amor, perdón, paz, justicia, solidaridad, fraternidad.
Los que dan testimonio con sus vidas de que vale la pena ser santo.
Los que no maldicen el dolor, sino que lo convierten en oración por otros que posiblemente sufren mucho más.
Los que dan gracias todos los días. Y dan gracias amando y sirviendo a Dios y a los hermanos. Los que no son santos para adentro sino para afuera, buscando al hermano para servirlo, perdonando, rezando por los amigos y también por los enemigos.
Los que en el silencio de sus corazones recitan todos los días esta humilde y modesta jaculatoria: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.
Santos los que rezan por los niños palestinos asesinados en Gaza y también por sus asesinos. Los que rezan por los árabes y también por los judíos y por los ucranianos y por los rusos y por los iraníes. Los que rezan por los presos injustamente privados de su libertad y también por sus carceleros.
Los que rezan por los explotados y también por los explotadores. Y rezan por los torturados y también por los torturadores.
Por los que dicen, como lo hicieron José Gregorio y la madre Carmen: Aquí estoy Señor para servirte. Para amarte por encima de todas las cosas y para amar a mi hermano y servirlo con todo mi corazón.
Muchas gracias.
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