Eduardo Liendo, uno de los escritores más importantes de su generación, falleció este jueves a los 84 años de edad.
Autor prolífico de novelas y cuentos, Liendo era un escritor noble y cercano, que por 15 años formó a cientos de personas en su taller de narrativa en la Universidad Católica Andrés Bello, la misma que en 2023 le entregó la Orden Andrés Bello durante la Feria del Libro del Oeste de Caracas.
Aquel año hizo algunas apariciones públicas a pesar del párkinson que padecía.
Había motivo de celebración: su novela más conocida, El mago de la cara de vidrio, cumplía 50 años y fue reeditada por Abediciones en su colección especial para autores venezolanos. El escritor asistió al día del reconocimiento, en el que se le vio feliz con el libro en sus manos, y previamente, en agosto, estuvo en la Sala Eugenio Montejo de la Biblioteca Los Palos Grandes para presenciar el homenaje El mago de la cara de vidrio: 5 décadas, 5 miradas, en el que Marisol de Macedo, Javier Cedeño Cáceres, Eritza Liendo, Krina Ber, fallecida el año pasado, y Óscar Marcano ofrecieron sus miradas sobre la historia protagonizada por el ansioso y extraño profesor Ceferino Rodríguez Quiñónez.
Rodeado de familiares y amigos, Liendo estaba muy conmovido y recordó que cuando escribió El mago de la cara de vidrio se encontraba en una situación límite de su vida, luego de haber vuelto de un exilio intenso y se preguntaba qué hacer con su vida. “Ese es el momento en que me pongo a escribir El mago. Y aunque está escrito en ese tono jocoso, yo sabía que me la estaba jugando. Si yo perdía esa oportunidad iba a perder en los dos tableros, como dicen los ajedrecistas: en la política, mis actividades de varios años dedicados a algo en lo que creíamos, e iba a perder también en lo único que creía que había perdido: mi condición de lector. Nadie podía apostar por mí como escritor”.
Pero la persona a la que más le debía, insistió siempre, fue su esposa Yeska Estela Murua, fallecida un año antes. Con una foto de ambos proyectada en la sala, el novelista explicó que con ella tuvo algo más importante que la escritura: “Contribuyó al desarrollo de un hogar”.
Fuente: El Nacional
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