La reciente Conferencia Mundial de IA (WAIC) en Shanghái se erigió como el escenario donde China exhibió el ápice de su ambición en la carrera por la inteligencia artificial: los robots humanoides.
Capaces de realizar tareas cotidianas como servir cerveza, jugar mahjong o incluso boxear, no solo captaron la atención del público. También materializaron la visión de Pekín de erigirse como líder global en tecnología y regulación de la IA.
Este evento anual no solo mostró el progreso del gigante asiático en el sector, sino que también dejó patente su creciente cercanía con Estados Unidos en esta contienda tecnológica.
La inauguración de la WAIC contó con la presencia del primer ministro chino, Li Qiang, quien el sábado anunció la creación de una nueva organización para la cooperación en la gobernanza de la IA.
Qiang enfatizó la necesidad de sopesar los beneficios de esta tecnología con sus inherentes riesgos, una declaración que, sin embargo, contrastó con el ambiente de celebración y optimismo que reinó en la exposición.
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