La reciente operación policial en Río de Janeiro ha dejado un total de 132 muertos tras una redada masiva contra el crimen organizado. La policía asaltó las favelas en busca de líderes del grupo criminal Comando Vermelho, y se han encontrado alrededor de 70 cadáveres más en el área. Las cifras varían entre el Ministerio Público y el Gobierno, pero ambas indican que esta es la operación más letal en la historia de Brasil.
Los testimonios de los vecinos revelan que algunos cuerpos estaban decapitados y otros presentaban signos de violencia extrema. La respuesta oficial incluye más de 110 detenidos y la confiscación de casi 120 fusiles, con los narcotraficantes utilizando drones para atacar a las fuerzas del orden.
En las calles, familiares de las víctimas esperan angustiados noticias en el Instituto de Medicina Legal, mientras que activistas y periodistas se agrupan para ofrecer apoyo. La atmósfera en la ciudad es de miedo y desolación, con muchos comercios cerrados y un despliegue masivo de agentes de seguridad.
El presidente Lula da Silva ha convocado a su equipo para abordar la crisis, mientras que el gobernador de Río critica la falta de apoyo federal en la lucha contra el crimen organizado. Esta operación ha superado la trágica matanza de Carandiru de 1992, que había sido la más violenta hasta ahora.
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