En un momento en que el aislamiento del gobierno de Nicolás Maduro parecía consolidarse, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha dado un respaldo militar y de inteligencia decisivo a Venezuela, elevando la tensión con Estados Unidos.
El pasado 28 de octubre, un segundo avión de transporte IL 76 de la empresa rusa Aviacon Zitotrans, vinculada al servicio secreto ruso FSB y al Grupo Wagner, aterrizó en Venezuela con «pertrechos militares y quizás personal». Este movimiento coincide con la ratificación por parte de la Duma (Parlamento ruso) del Tratado de Asociación Estratégica firmado con el chavismo en mayo, un acuerdo clave con vigencia de 10 años que busca ampliar la cooperación militar y acelerar los envíos de armamento.
🛰️ Refuerzo de Inteligencia y Tecnología
El acuerdo es una inyección de capacidades para el régimen, que incluye:
Sistema Satelital GLONASS: Pone a disposición de Caracas la red de 24 satélites rusos, junto a otros sistemas (Resurs P, Lotos S1, Kosmos y Luch), proporcionando información de inteligencia en tiempo real sobre la flota de EE. UU., detección de misiles y guía de armamento con mayor precisión.
Red de Espionaje Regional: Rusia opera instalaciones de inteligencia electrónica en Cerro Mokorón (Nicaragua) y Bejucal (Cuba), y ha reforzado personal en Venezuela para activar la estación de rastreo en Paramacay con el fin de vigilar la base de EE. UU. en Roosevelt Roads, Puerto Rico.
Traspaso Tecnológico: Se facilitan mejoras en tecnología militar, incluyendo posibles upgrades para los drones Sucre 200 de diseño iraní fabricados en Venezuela, a partir de la experiencia rusa en Ucrania.
🛡️ Estrategia de Disuasión: Sembrar Bajas y Retrasar
La asistencia rusa apunta a elevar el costo de una posible acción militar estadounidense, creando un escenario que algunos analistas denominan el «Vietnam caribeño»:
Misiles Igla: Maduro anunció la existencia de 5.000 misiles antiaéreos portátiles Igla-S (SA24), capaces de derribar aeronaves y drones a baja altura. La proliferación de estos sistemas busca «obstaculizar» cualquier acción aerotransportada de EE. UU. y causar bajas, con las consecuentes repercusiones políticas en Washington.
Fábrica CAVIM-AK-103: Tras dos décadas de inactividad, Rusia ha puesto en marcha la fábrica de fusiles AK 103 en Maracay, Aragua, con una capacidad de producción anual de 70 millones de municiones. Este movimiento, aunque vulnerable a un ataque, envía el mensaje de que Moscú está dispuesto a dar los medios para «alargar la guerra» más allá de los 60 días permitidos por la Ley de Guerra de EE. UU.
Presencia de Wagner: Los mercenarios del Grupo Wagner, ahora bajo control directo del Kremlin, continúan sirviendo como guardia pretoriana de Maduro y como refuerzo de entrenamiento para las fuerzas bolivarianas.
♟️ La Jugada de Putin: Un Dilema para Trump
El respaldo de Putin a Caracas, sumado a la visita de una flota militar rusa en julio de 2024 que incluyó un submarino nuclear y una fragata con misiles hipersónicos, busca forzar a la Casa Blanca a reevaluar sus planes.
Analistas sugieren que Putin ha tendido una «trampa política» a la Administración Trump. Al hacer la intervención militar potencialmente costosa en vidas y tiempo, se complica el deseo de Trump de obtener el Premio Nobel de la Paz en 2026, y se incrementa el riesgo de una guerra sin fin a la vista, algo que tanto demócratas como parte de los republicanos desean evitar.
La jugada rusa asegura también sus vastas inversiones en el país, especialmente en las empresas mixtas petroleras (Rosfnet y PDVSA) y la explotación de gas y oro (Gazprom y Rusoro Mining) en el Arco Minero.
«Putin le avisó que Venezuela es parte de su señorío. Y que en caso de quererla va a tener que negociar o pagar un coste que puede ser más elevado…»
La clave del apoyo de Moscú a Caracas es la inteligencia, que le permite al régimen chavista descifrar hasta dónde está dispuesto a llegar Trump, un insumo político fundamental para trazar su estrategia de resistencia.
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