Los líderes del G20 se reunirán en Johannesburgo del 22 al 23 de noviembre, en un contexto marcado por las tensiones comerciales de los aranceles impuestos por el presidente estadounidense, Donald Trump, y la creciente presión de una crisis de deuda que golpea con dureza a los países en desarrollo.
En este contexto y pese a la insistencia sudafricana, muchas voces consideran altamente improbable que la cumbre logre una declaración final -y menos aún que incorpore un consenso sobre la reforma de la arquitectura financiera mundial-, especialmente ante la ausencia de EE.UU. y su inminente asunción de la presidencia rotatoria, un relevo que deja en la incertidumbre el rumbo que adoptará el G20.
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