Hay muchos factores que considerar para trazar las proyecciones frente a esta nueva realidad petrolera
Sin duda alguna el primero es el flujo de caja del gobierno venezolano. Garantizar la colocación de su producción sin descuentos representa una fuente de ingresos importante y la solución a un problema logístico que venía complicando al país desde que se impusieron las sanciones en 2019.
No obstante, el gobierno de la presidenta encargada no podrá disponer libremente de ese dinero, según los dichos de Donald Trump, pues se espera que sea utilizado enteramente para la compra de productos estadounidenses, entre los cuales estarán los insumos necesarios para la refinación de crudo y para la reparación del sistema eléctrico.
Paradójicamente, esta especie de acuerdo poco ortodoxo podría significar una ventaja para Venezuela en el sentido de que garantiza los recursos para compras que ya se vienen haciendo en el mercado estadounidense, en especial los alimentos.
Es importante destacar que Estados Unidos provee 26% de las importaciones totales del rubro, de acuerdo con cifras de 2024. Estamos hablando de productos como arroz, soya, maíz, trigo, entre otros, claves tanto para el consumo directo como para la industria agroalimentaria nacional.
Entre enero y octubre de 2025, según las cifras de la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA, por sus siglas en inglés), publicadas la semana pasada, las exportaciones petroleras venezolanas hacia Estados Unidos se ubicaron en 2.676,2 millones de dólares, por un volumen acumulado de 41 millones de barriles de petróleo, una cifra que está en el rango de la anunciado por Trump como primera parte del acuerdo.
Trump dijo que la meta es que Venezuela se convierta de nuevo en el principal socio de Estados Unidos, un objetivo no tan difícil de alcanzar porque, aunque deteriorado, es un flujo que no se ha detenido con las sanciones.
El primer lugar en el ranking de socios comerciales se lo disputa nada más y nada menos que con China y ya, en el mes de octubre, la economía de Estados Unidos la supera por un ligero margen.
De acuerdo con las cifras de la Administración General de Aduanas de China, el comercio total entre los dos países alcanzó la cifra de 5.344,6 millones de dólares, mientras que en el mismo periodo con EEUU el monto llega a los $5.727 millones de dólares.

La gran diferencia la hacen las importaciones, porque entre enero y octubre, mientras desde China se compraron mercancías por 4.420 millones de dólares, desde Estados Unidos el monto se ubicó en US$2.628 millones.

Como con la mayoría de los anuncios realizados hasta ahora, tanto por el gobierno de Trump como por el de Rodríguez, falta por ver los detalles de aplicación.
En el caso del comercio la venta de crudo y derivados pasa por manos de PDVSA, mientras las importaciones no petroleras son enteramente privadas, por lo que, si Estados Unidos va a administrar el dinero para concretarlas, se debe crear un mecanismo de información para que estas fluyan con normalidad.
Allí tendrá un rol importante el regreso de la embajada estadounidense a Caracas, porque le daría presencia a ese país para coordinar la letra pequeña de esa parte de las transacciones.
Mercado cambiario y deuda
También debe ser parte de las conversaciones que mantiene Rodríguez con el equipo de Trump, el hecho de que el país necesita un flujo de caja para el mercado cambiario que durante 2025 dio muestras de volatilidad que no se frenaron durante la primera semana de enero.
Contener el alza del dólar para evitar una hiperinflación es una necesidad a corto plazo para mantener al país en calma. Solo, la semana pasada, el valor del dólar trepó 8%, mientras las intervenciones cambiarias están paralizadas desde el 15 de diciembre.
En ese sentido, el levantamiento de sanciones petroleras que libere las operaciones con empresas no estadounidenses puede jugar un papel fundamental, porque el dinero no necesariamente quedaría comprometido dentro de Estados Unidos. Sobre este tema. probablemente, ya tengamos anuncios esta semana.
El problema de la deuda externa
Por otro lado, de producirse un levantamiento de las sanciones financieras a Venezuela, el país se expone a enfrentarse a un duro trayecto para solucionar el tema de la deuda externa.
Son más de 100.000 millones de dólares repartidos en diversos compromisos que deben solucionarse si se espera que el país se reintegre a la dinámica financiera mundial.
Es de esperarse que, si ese tema entra en los planes del gobierno de Donald Trump para su objetivo de “hacer Venezuela grande de nuevo”, se sume a las negociaciones y se establezca un plan de pago, que incluso podría ser el deus ex machina para salvar a Citgo.
Están los pagos judicializados, buena parte de ellos tienen a Citgo a punto de ser subastada, y superan los 20.000 millones de dólares. Luego están los bonistas de la República y de PDVSA, y también están acreedores como China y Rusia, donde la economía tiene un pie puesto en la geopolítica.
Si se disipa el temor por la inestabilidad política algunas de las empresas podrían estar dispuestas a acuerdos como lo hizo Gold Reserve en 2016 con el gobierno de Nicolás Maduro, con las cuales incluso se estableció una empresa mixta para retomar la explotación de oro.
Rodríguez hizo una leve mención a la necesidad de una nueva legislación minera, así que no solo el petróleo está en la mente del nuevo liderazgo.
¿Reconocimiento por parte del FMI?
Otro resultado de este nuevo relacionamiento de Venezuela con Estados Unidos es que se podría destrabar el reconocimiento del gobierno de Caracas ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que abre la puerta al uso de los Derechos Especiales de Giro (DEG) asignados durante la pandemia y que equivalen a unos 4.500 millones de dólares (de acuerdo con el balance general del BCV a noviembre).
Este dinero no está sujeto a la aplicación de medidas macroeconómicas e incluso puede ser utilizado para compensar saldos comerciales.
El ingreso de ese monto fresco al Banco Central de Venezuela serviría para empezar a afrontar sus deudas, concretar importaciones o inyectarlo en el mercado cambiario, con el fin de darle mayor estabilidad al tipo de cambio, mientras se ponen en marcha otras medidas de carácter económico-financiero.
Es evidente que es muy pronto para saber a ciencia cierta hacia a dónde apuntan los planes de quienes ahora están al frente del gobierno en Miraflores, lo certero es que las líneas generales planteadas por Washington señalan un camino de potencial apertura económica.
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