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Una mirada al mundo de los Tecnoadolescentes

En los últimos veinte años, la influencia de las tecnologías de la información y la comunicación en nuestra forma de vida ha crecido de manera exponencial. El uso de dispositivos como smartphones , smartwatches , tablets , etc. ha permitido el acceso a internet desde cualquier lugar y en todo momento. Además, las diversas aplicaciones, plataformas y redes sociales han añadido una dimensión social a este uso, lo que ha aumentado la conexión e interacción entre las personas.

Todo esto ha sido posible gracias a los avances en telecomunicaciones e informática. Pero lo más relevante es cómo se ha visto trastocada la manera en que se entiende la información y, sobre todo, cómo puede usarse para generar valor social, económico, político…

El uso de las tecnologías digitales desde finales del siglo XX complementó, e incluso cambió, algunas formas de relacionarnos con las cosas, con otras personas y hasta con nosotros mismos. Pero no lo hizo de una manera radical. Piensen, por ejemplo, en un reloj digital, un reproductor de DVD, un teléfono móvil o un walkman .

En las dos últimas décadas, el cambio sí ha sido notable. Cada vez es más difícil diferenciar lo online y lo offline , lo artificial y lo natural, lo humano y lo algorítmico. Esta circunstancia también ha influido en nuestra forma de entender el mundo, cómo nos relacionamos y qué somos capaces de hacer e incluso imaginar. El filósofo Luciano Floridi ha definido este modo de vida marcado por la simbiosis entre lo físico y lo tecnológico, lo online y lo offline , como vida onlife . Sus primeros habitantes autóctonos son los más jóvenes. Ahora bien, ¿qué supone esta forma de vida?

Aristóteles ya definió a las personas como seres sociales. Nuestro carácter social implica que nuestras identidades se configuran a partir de acciones, relaciones e interacciones con las personas y el mundo que nos rodean. Implementar las tecnologías de la información y la comunicación en nuestras relaciones sociales trae consigo, por tanto, nuevos modos de configurar nuestras identidades; o, lo que es lo mismo, nuevas creencias, capacidades, prácticas, valores y posibilidades.

Además, estas tecnologías posibilitan la conversión de todas las facetas de nuestra vida en información. Piénsese por un momento en un reloj inteligente. Este tipo de aparatos traducen en datos aspectos como el gasto calórico, la frecuencia cardíaca… pero también la recepción de llamadas y mensajes, o la gestión de nuestras agendas. Si atendemos a cada una de las aplicaciones, plataformas, redes sociales y dispositivos que utilizamos, ¿qué faceta de nuestra vida queda al margen? Nuestra vida se ha informatizada, y eso nos convierte en tecnopersonas .

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