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LA TRANSICIÓN: ¿CAMBIO DE GOBIERNO O SIMPLE VENGANZA? Por: Nelson Rampersad

La oposición venezolana vive bajo una alucinación peligrosa: creer que la «transición» es un evento mágico que ocurre en el instante en que alguien distinto se sienta en la silla de Miraflores. Esta visión, además de infantil, es un error de cálculo histórico. El país no necesita un nuevo portero; necesita un exorcismo político.
EL ODIO COMO INSTITUCIÓN
Lo que realmente aterra es que, tras 27 años de autoritarismo y persecución, el odio ya no es una emoción pasajera. Se ha convertido en una estructura de pensamiento, un «sistema de ideas» que divide al mundo entre amigos y enemigos existenciales. Erradicar este odio es la tarea más difícil por tres razones brutales:
* Es un Negocio Político: El odio es rentable. Tenemos líderes que capitalizan la rabia para ganar votos, prefiriendo el aplauso fácil del resentimiento antes que la responsabilidad del acuerdo.
* La Paranoia Colectiva: El discurso oficial y opositor ha creado una sociedad paranoica donde debatir ideas es imposible. Se ataca a la persona, se anula al «otro» y se destruye cualquier puente de confianza horizontal.
* El Odio como «Lealtad»: Para muchos, renunciar al odio se siente como una traición a las víctimas del pasado. Las heridas son tan profundas que la reconciliación se confunde con la impunidad.
EL MITO DEL «MESÍAS» SALVADOR
Es hora de dejar de esperar que una fuerza extranjera o un golpe interior resuelva el desastre que nosotros mismos modelamos como «país fallido». La realidad es incómoda: los mismos capitanes que nos llevaron a este lodazal son los únicos que tenemos para salir de él.

Si no entendemos que la transición va mucho más allá de las urnas y que requiere una justicia reparadora y una reeducación emocional, solo estaremos reciclando el resentimiento a la espera de la próxima venganza. Pasar de una «paz negativa» (donde no nos matamos hoy, pero nos odiaremos siempre) a una «paz positiva» (integración y cooperación que permitan eliminar todo tipo de violencia estructural y cultural y la promoción de la justicia social, la equidad, el desarrollo económico y estructuras institucionales capaces de resolver conflictos). Esto tomara tiempo porque no es tarea fácil.

La pregunta no es cuándo se va Delcy. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a dejar de ver al vecino como un enemigo para poder reconstruir el tejido emocional que nosotros mismos contribuimos a desgarrar?

ENTRE TODOS

A esos lideres para esta tarea no los encontraremos en el pasado porque ya esos lideres no están, ni en el futuro, por la misma razón. Quienes fueron los capitanes de la confrontación son, los únicos que tenemos disponibles para asumir la transformación de Venezuela. Y los mismos partidos políticos que nos trajeron al lodazal donde estamos serán quienes nos saquen del mismo.

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