Nelson Chity 20F

Desmontar el Estado estatista o el socialismo de Estado – Por Nelson Chitty La Roche

”Las masas humanas más peligrosas son aquellas a las que les han inyectado en sus venas el veneno del miedo… del miedo al cambio”
Octavio Paz

_”El político debe ser capaz de predecir lo que va a ocurrir mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ocurrió”Winston Churchill

La gestión que emprende el país a partir del 3 de enero pasado supone, necesaria y forzosamente, un ejercicio de desideologización que imagino comenzó luego de llenar la ciudad de vallas con el lema “Los queremos de vuelta”, concesión para los radicales que anticipó y concluyó con una tarea a emprender y sistematizar.

El gobierno de Delcy no será socialista. La encargada ya aclaró que no era militante del PSUV, cuya narrativa, por cierto, paulatinamente mutará como resultado de una centrífuga que está en curso. Intentarán cambiar la piel como cualquier ofidio lo hace regularmente, a tenor de un proceso llamado ecdisis.

Lo que, en medio de dudas, advierte sin embargo el coterráneo es que no habrá elecciones en lo inmediato. El argumento de la estabilidad prevalece ante cualquier otra cuestión para el hegemón rubio y veremos cómo —y esto es lo más difícil— atiende la coexistencia política el oficialismo de los Rodríguez y cómo va desapareciendo el sesgo de Diosdado Cabello y del militarismo.

Al castrismo, parte funcional y referente del pensamiento del chavomadurismomilitarismocastrismoideologismo, se lo llevó el viento y tiene sus propios retos ante la ofensiva de Trump y su ya cada día menos ocultable inviabilidad. Esa es otra novela que debemos ir leyendo, porque pareciera que llegó su hora. Ojalá ese pueblo noble y justo —los cubanos— pudiera quitarse de encima a los kakistócratas y oligarcas que lo han expoliado a nombre de un totalitarismo tupido de falsedades y putrefacción.

Empero, el objeto de esta sencilla reflexión apunta al desmontaje administrativo y pernicioso en que se convirtió el Estado chavista y el Estado PSUV. Eso es lo más difícil, como lo evidencia el manejo del capítulo de los presos políticos y la chucuta ley de amnistía que pareciera más bien destinada a autoamnistiarse que a poner fin al grosero abuso que se permitieron por 27 años, victimando a quienes se atrevieron a oponérseles y convirtiendo al Estado en un criminal.

Para sorpresa —imagino— de muchos, Delcy, quien junto a su hermano era el cerebro del régimen, será quien haga marcha atrás con la hipertrofia del Estado. Ya empezó a eliminar fundaciones inútiles de Maduro y Chávez y las parafernalias ideológicas de la mórbida burocracia, y no parará en esa línea. Ella quiere gobernar mejor que sus predecesores y, para ello, debe hacerlo distinto. Confronta mil problemas, pero uno más grueso es con quién avanzar hacia esa meta. ¿Dispone del capital humano?

No tiene gente para innovar y recurre a conocidos y cuestionados o a quienes estaban apartados pero son cercanos. En el fondo, no podía de arranque ser de otra manera, porque ella misma es pájaro de la misma ralea. La cuestión es cómo reducir el tamaño del aparato público sin soliviantar al universo parasitario que lo succiona y reclama su derecho militante; pero debería estar en su agenda, y pienso que así será.

El quid del asunto es complejo. ¿Cómo sacar las manos del Estado omnipresente de la dinámica económica, administrativa y social donde sobran? ¿Cómo ofrecerles a los venezolanos una certeza en medio de un maremágnum dubitativo sobre un cambio mencionado, pero aún en ciernes? ¿Es razonable todo lo que hay que hacer para constituir una sociedad mercantil —diecisiete pasos, por hablar de un sencillo ejemplo—? Pienso en una desregulación que todos saben no solo necesaria, sino indispensable para liberar la economía y permitir verdaderos emprendimientos y, desde allí, proceder a sanearla.

La carga tributaria es más que pesada: insoportable para las empresas. Si deseamos que Venezuela recupere su atractivo —incluso para los mismos venezolanos, a fin de que vuelvan a invertir— es menester no solo reducirla, sino crear mecanismos que induzcan a creer, devolviendo confianza. Para eso hay que cambiar más que el discurso: “res, non verba”.

El mercado laboral y las relaciones entre el capital y el trabajo deben flexibilizarse, permitiendo a ambos sectores buscar sus equilibrios sin la mediatización demagógica que, lejos de protegerlos, los contamina. Hay que ver el daño que hacen las inspectorías del trabajo y cuán disuasivo resulta emplear para quienes saben que no hay manera de aplicar criterios de mérito por eficiencia.

Los tribunales —y hablo así de la justicia—, las policías, el Ministerio Público y demás órganos apestan de corrupción e ineficiencia. Eso lo saben la encargada y su hermano y, desde luego, debe convertirse en un programa de reducción de la inflación legislativa y de procura de la eficiencia pública perdida. Especialmente, hay que darle tratamiento de cirugía oncológica y extirpar las tumoraciones que resultan de la mediocridad, la prevaricación y el uso de la jurisdicción para perseguir.

¿Y la educación, la salud, el servicio eléctrico, el agua, el combustible, el gas doméstico? El desastre es tal que nadie puede, en meses y tal vez años, superarlo; pero las expectativas de la gente pudieran tornarse positivas con algunas medidas que no son tan difíciles ni tan complejas. Y si lo fueran, es allí donde hay que echar el resto. Los maestros se mueren de hambre y las escuelas se caen a pedazos; las universidades se han atrofiado y conocen los salarios más bajos del mundo. ¡Eso debe cambiar ya!

Podría continuar porque el mal gobierno del chavomadurismomilitarismocastrismoideologismo da para un inmenso memorial de agravios; pero solo destaco lo que está en la justa queja de nuestra masa afligida y frustrada.

Aunque luzca de Perogrullo, un paso que hay que dar es el regreso a la constitucionalidad y la legalidad. Detener el extravío y la anomia que desde el mismo Estado se promueve y que es fuente de malversación y descomposición.

Revisar a profundidad el tema militar, la defensa y el rol que deben cumplir los susodichos es un imperativo. Acabar con las tales milicias, completamente inútiles, y rebajar un presupuesto que no ofrece lo que de ese esfuerzo se espera; o redefinirlo completamente y atreverse a cambiarlo todo hacia la verdadera profesionalización de los componentes. Acabar con la demagogia, sacar de las escuelas de formación a los ideólogos de pacotilla y definitivamente a los cubanos que venden humo con ese cuento de la revolución para el goce de la familia Castro. Así han intoxicado, produciendo una fuerza armada del PSUV y no de los venezolanos.

Aclaro: enunciamos algunas cosas —entre muchas más— que habría que hacer de inmediato y que, en todo caso, hay que acometer, y que ponen a prueba no solo la sinceridad de la nueva jefatura, sino el carácter con que aborda un proceso de cambios que, si quisieran, no pueden detener.

Entretanto, la oposición debe reaprender a hacer oposición. Debe vigilar, cuidar, denunciar, pero tratando de no entorpecer aquello que positivamente pueda venir del híbrido que nos gobierna. Lo que sea bueno para este sufrido pueblo, venga de donde venga, debe ser apoyado y facilitado.

Si Delcy hiciera lo que a la vista está y comienza con la desintegración del aparato de una revolución de todos los fracasos, pudiera hacerse digerible a la postre si suma a ello, además, la mejoría económica, un regreso al respeto ciudadano y tal vez entonces atreverse a medir fuerzas con la líder del país, María Corina Machado.

Es demasiado temprano incluso para anticipar, pero por allí van los tiros, se oye decir. De eso dependerá que tengamos elecciones y vuelva la soberanía popular a decidir nuestros destinos. Entretanto, el duelo de voluntades se libra en ambos espacios: el del oficialismo —porque una parte importante de ellos se resiste al cambio y a la pérdida de privilegios— y el opositor, donde también se cuecen habas, como dirían en la madre patria. Veremos, si Dios quiere.

nchittylaroche@gmail.com
@nchittylaroche

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