NUEVA YORK.-El actor estadounidense y excampeón mundial de kárate Chuck Norris falleció a los 86 años, según informó su familia en un comunicado en Instagram este viernes.
El artista había sido hospitalizado en Hawái por una emergencia médica no especificada, según informó el medio especializado TMZ el jueves.
Fuentes con conocimiento directo señalaron a la publicación que en las últimas 24 horas una emergencia médica llevó al actor de ‘Delta Force’ (1986) a un hospital en la isla de Kauai, y que, pese a la situación, se encuentra de buen ánimo.
Norris estaba entrenando en la isla el miércoles y, según uno de sus amigos, habló con él por teléfono y lo notó de buen humor, incluso haciendo chistes.
El actor es recordado por su trayectoria en el cine de acción y las artes marciales, con títulos emblemáticos como ‘The Way of the Dragon’ (1972), donde compartió pantalla con Bruce Lee, así como por protagonizar la popular serie televisiva ‘Walker, Texas Ranger’ (1993).
EFE
La muerte de Chuck Norris (1940-2026) obliga a mirar más allá del meme y del personaje indestructible que durante años dominó la cultura popular. Su figura fue mucho más que una colección de chistes sobre fuerza sobrehumana. Norris representó una rara convergencia entre legitimidad física, rentabilidad industrial y potencia simbólica. Fue campeón real de artes marciales antes que actor, estrella de acción antes que marca cultural, y mito de internet mucho después de haber dejado atrás su mejor momento comercial. Esa continuidad es lo que vuelve su caso excepcional.
Norris ocupó un lugar muy preciso en la historia del entretenimiento estadounidense. No fue un actor de prestigio clásico ni un artista de transformación dramática, pero sí una presencia decisiva en la consolidación del cine de acción de sello norteamericano. Su carrera ayudó a traducir las artes marciales a un código cultural estadounidense más duro, patriótico y ligado a la restauración del orden. Norris se convirtió en estrella enfrentándose a Bruce Lee en The Way of the Dragon, pero si Bruce Lee irrumpió como revolución física y filosófica, Norris apareció como reorganización ideológica de esa energía con menos misterio oriental, más frontera y una filosofía de ley y castigo.
Ese desplazamiento fue central para su éxito. Norris no peleaba en pantalla solo para mostrar destreza, sino para resolver un desequilibrio moral. Sus personajes eran correctores de un mundo degradado. En ellos había menos ambigüedad que en otros héroes de acción de su tiempo y más certeza ética. Esa claridad conectó con una sensibilidad muy concreta de Estados Unidos entre fines de los setenta y los ochenta, marcada por la necesidad de recuperar confianza nacional después de Vietnam y por el auge de una cultura conservadora que veía en la fuerza individual una respuesta a la crisis.

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