Cuando Sebastián Vega se sintió atraído por primera vez por un hombre, ya estaba en sus veintes y con una carrera profesional en el básquetbol argentino.
La sensación no solo fue extraña, sino paralizadora; no se lo podía decir a nadie.
Ese día empezó a tener dos vidas: la que veían los demás, de un deportista heterosexual, y la interna, muy privada. Con mentiras, muchas mentiras. Y un gran desgaste por aparentar lo que no era y que nadie se diera cuenta.
Hasta que hace cinco años decidió hacerlo público y se transformó en el primer basquetbolista profesional abiertamente gay en América Latina.
Y hace pocas semanas, al coronarse bicampeón del torneo local con Boca Juniors a sus 37 años, sorprendió al festejar con una bandera inusual para las canchas de básquetbol: la del arcoíris.
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