Como consecuencia de políticas económicas equivocadas, la economía venezolana tiene 25 años, un cuarto de siglo, enferma y en retroceso.
Son varias las enfermedades que han afectado y todavía afectan a nuestra economía, la primera: la recesión y la inflación. La caída del producto interno (PIB), del ingreso de los ciudadanos y el deterioro del poder adquisitivo del salario ha sido descomunal.
Hoy los venezolanos somos significativamente más pobres que en el año 2000. Son 25 años de empobrecimiento creciente.
La inflación que prácticamente no existió en Venezuela hasta 1974, ha alcanzado en estos últimos 25 años niveles inimaginables. Somos campeones mundiales en inflación.
Como consecuencia de las dos enfermedades mencionadas, (Recesión e Inflación) el ingreso de los venezolanos se ha deteriorado escandalosamente. El poder adquisitivo del salario de los trabajadores y de los ciudadanos en general ha disminuido estruendosamente.
Otra enfermedad que ha padecido la economía venezolana en los últimos 25 años es la inestabilidad monetaria. Basta con recordar cuantos bolívares se necesitaban para comprar un dólar en el año 2000 y cuantos se necesitan hoy.
Hoy, el salario de los trabajadores no permite hacer un mercado digno y satisfactorio. Tampoco permite atender los gastos de salud y de educación para la familia. Estamos padeciendo las consecuencias de 25 años de socialismo del siglo XXI. 25 años de errores y de equivocaciones.
Hemos padecido además, dramáticos episodios de desabastecimiento, incluyendo el de la gasolina. Cosa insólita en un país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Las políticas del gobierno acabaron con PDVSA y con nuestro estatus de potencia petrolera.
Recordamos que desde hace muchos años, el petróleo ha sido nuestro principal producto de exportación y nuestra principal fuente de ingresos para el fisco nacional.
Los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolas Maduro acabaron con nuestra empresa petrolera.
En medio de este cuadro desolador, aparece en los últimos días una señal de esperanza. La reforma de la ley de hidrocarburos señala un camino de rectificación. Establece normas dirigidas a estimular las inversiones necesarias para reactivar nuestra industria petrolera.
Unión y Progreso sostiene que para superar la crisis económica y la crisis humanitaria se necesita recuperar nuestra industria petrolera.
La recuperación de la industria petrolera supone grandes inversiones. Inversiones que el estado venezolano no está en condiciones de suplir. Además, se requiere tecnología de punta y facilidades de acceso a los mercados internacionales.
Hay empresas petroleras en el mundo que están en condiciones de atender esos tres temas. Por supuesto, es indispensable crear un clima de confianza y para ello hay que resolver la crisis institucional y contar con un gobierno legítimo emanado de la voluntad popular.
En medio de esta crisis económica, política, humanitaria y social, el régimen ha cometido dos errores adicionales: el aumento constante del gasto público y la política de crecimiento del tamaño del estado. Resultado: Déficit fiscal financiado con la emisión de dinero inorganico. Para ello, acabó con la autonomía y la independencia del Banco Central de Venezuela (BCV).
Por último, queremos mencionar que la torpe política internacional del régimen ha conducido a una progresiva ruptura de relaciones con los Estados Unidos, pais que siempre ha sido nuestro principal cliente comprador de petróleo. También en este tema se observan signos de rectificación que debemos reconocer. Es indispensable restablecer las mejores relaciones posibles con nuestros clientes tradicionales, comenzando por los Estados Unidos de Norteamérica.
El otro daño colateral de la torpe política internacional del régimen ha sido la provocación para que a nuestro país se le hayan impuesto sanciones y medidas de aislamiento internacional.
Hacemos algunas recomendaciones:
1. Profundizar el proceso de apertura para lograr inversiones privadas de carácter nacional e internacional en el negocio petrolero.
2. Restablecer el estado de derecho y el respeto escrupuloso a las reglas del juego para generar la confianza de parte de todos los factores interesados.
3. Más mercado y menos estado. La experiencia internacional y también la experiencia venezolana nos enseña que el mercado es un mecanismo mucho más eficiente y transparente que el dirigismo estatal.
4. Reducir el gasto público y el déficit fiscal. Reducir el tamaño del estado.
5. Restablecer la autonomía y la independencia del Banco Central de Venezuela. Acabar con la emisión inorganica de dinero.
6. Promover inversiones: inversiones públicas y privadas. Inversiones nacionales e internacionales.
7. Restablecer relaciones con nuestros socios tradicionales, sin menoscabo de sostener relaciones con todos los países del mundo.
8. Restablecer relaciones con los organismos financieros internacionales: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Corporación Andina de Fomento. Etc.
9. Explotar la formidable potencialidad de la actividad agrícola y pecuaria de nuestro país. Así como el potencial turístico.
10. Reimpulsar nuestro potencial en materia de petroquimica, siderúrgica y de otras áreas de inversión.
11. Renegociar la deuda externa venezolana con una inteligente y firme defensa de los intereses nacionales.
12. Mejorar los salarios y los ingresos de los venezolanos. Defender el poder adquisitivo del ingreso de los ciudadanos.
13. Aumentar la producción de bienes y servicios y la generación de empleos modernos, productivos, estables y bien remunerados.
14. Implementar programas de capacitación y educación para el trabajo.
15. Promover una mística nacional alrededor del objetivo compartido de hacer de Venezuela una nación prospera y un digno protagonista en la economía mundial.
16. No olvidar que el objetivo fundamental es el de superar la crisis humanitaria y garantizar la Unión y El Progreso de todos los venezolanos.
Caracas, 13 de febrero de 2026.
DIRECCION NACIONAL DE UNION Y PROGRESO

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