Este 4 de febrero, a 34 años de la rebelión cívico-militar que cambió para siempre el rumbo de Venezuela, Diosdado Cabello Rondón tomó la palabra para ofrecer un discurso cargado de memoria histórica, conciencia política y llamado a la unidad, en un contexto nacional marcado por la agresión externa y el secuestro del presidente Nicolás Maduro
Desde el inicio, Cabello dejó claro que el 4 de Febrero no es solo una fecha para recordar, sino un hecho vivo, una referencia permanente que permite entender lo que hoy está ocurriendo en el país. Recordó cómo, tras la partida física del Comandante Hugo Chávez, el Cuartel de la Montaña se convirtió en punto de encuentro para rendir tributo al líder que enseñó a un pueblo a no rendirse jamás.
Chávez, la constancia y la unidad como legado eterno
Cabello subrayó que una de las enseñanzas más profundas de Hugo Chávez fue la constancia y la unidad. Recordó que desde su primer discurso en 1999 hasta su última proclama, Chávez insistió en que la unidad es un valor estratégico, no un simple eslogan.
“Cuando vienen las situaciones más difíciles”, afirmó Cabello, “uno se pregunta: ¿Qué haría Chávez?”. Y en esa pregunta, dijo, siempre aparece una respuesta clara: unidad, serenidad, inteligencia política y firmeza.
Chávez fue presentado como el referente histórico indiscutible de la Revolución Bolivariana, el líder que transformó una derrota aparente —el 4F— en una victoria histórica a largo plazo. “Chávez no aró en el mar”, afirmó Cabello, destacando que hoy el país sigue de pie gracias a la conciencia sembrada por el Comandante.
Pueblo y Fuerza Armada: una unión que hizo posible la Revolución
Uno de los ejes centrales del discurso fue la unidad entre el pueblo y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, señalada como una de las grandes diferencias entre el proceso iniciado por Chávez y otras experiencias revolucionarias del pasado.
Cabello recordó que los intentos guerrilleros de los años 60 fracasaron porque fueron fraccionados y no lograron incorporar ni al pueblo ni a la Fuerza Armada. Chávez, en cambio, entendió que sin esa unión no había posibilidad de victoria, aun cuando eso generara críticas internas y externas.
Esa alianza, reafirmó, es hoy uno de los pilares que sostiene la soberanía y la paz del país.
El 3 de enero: ataque, secuestro y terrorismo contra el pueblo
En un momento de especial contundencia, Cabello se refirió a los hechos del 3 de enero, calificándolos sin rodeos como un ataque vil y artero contra el pueblo venezolano. Denunció el secuestro del presidente Nicolás Maduro, a quien definió como prisionero de guerra, y condenó el bombardeo que dejó víctimas civiles, niños aterrorizados y familias destrozadas en sus propios hogares.
Criticó duramente a la oligarquía venezolana y a sus aliados externos, que celebraron el ataque creyendo que con bombas se puede borrar a Chávez o doblegar a un pueblo. “Pasarán 200 años y Chávez seguirá siendo referencia”, afirmó.
La respuesta del pueblo: dignidad, firmeza y conciencia
Lejos de la desesperación que buscaban los agresores, Cabello exaltó la respuesta madura y firme del pueblo venezolano, un pueblo que —dijo— merece respeto y ha demostrado que solo la Revolución Bolivariana garantiza la paz del país.
Hizo un llamado claro al liderazgo revolucionario a elevar los niveles de conciencia, dejando atrás individualismos y personalismos. “Si nos ven unidos, lo pensarán dos veces; si nos ven divididos, nos atacarán uno por uno”, advirtió.
Calma, inteligencia y decisiones firmes
Recordando momentos críticos como el golpe de Estado de 2002, Cabello evocó la grandeza de Chávez, su capacidad de diálogo y su famosa consigna de calma y cordura, nervios de acero. Reiteró que en política y en la defensa de la patria, el que se desespera, pierde.
También recordó enseñanzas estratégicas del propio Chávez, quien recomendaba estudiar a pensadores militares y políticos para comprender mejor el conflicto permanente contra los enemigos históricos de los pueblos.
Juventud, crecimiento y continuidad del proceso
Cabello destacó que lo que comenzó como una rebelión de un pequeño grupo de jóvenes militares hoy es una gran fuerza popular, con una juventud consciente presente en universidades, academias militares y en cada espacio del país.
“Si antes éramos pocos, hoy somos muchos”, dijo, celebrando la continuidad generacional del proyecto bolivariano.
Humildad, deber histórico y orgullo revolucionario
En un tono personal, Cabello insistió en que no habla por ambición ni protagonismo, sino porque la historia coloca a las personas en determinados momentos. Reconoció que cualquiera de los presentes podría estar en su lugar y recordó episodios posteriores al 4F que confirmaron el carácter rebelde y consciente del movimiento.
Reafirmó que los protagonistas del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre solo tenían una cosa para ofrecer: su vida, y que la historia ya los está reconociendo.
Venezuela no se arrodilla
El discurso cerró con una reafirmación contundente de soberanía y dignidad nacional. Venezuela, dijo Cabello, sigue de pie y jamás estará arrodillada ante nadie. La única sumisión aceptable es la espiritual, nunca la política ni la imperial.
Exigió la liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro y expresó un respaldo firme a Delcy Rodríguez, reconociendo su valentía al asumir una tarea que no pidió, pero que hoy cumple con responsabilidad y coraje.
Un solo bloque, un solo camino: Chávez
Finalmente, Cabello llamó a mantenerse unidos como un solo bloque, a adaptarse a las circunstancias con inteligencia y a seguir, pase lo que pase, por el camino del Comandante Hugo Chávez, en defensa permanente de la patria.
Porque como quedó claro en este 4 de Febrero, Chávez vive en la conciencia del pueblo, y mientras esa conciencia exista, Venezuela seguirá resistiendo y avanzando

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