Durante años, el ejercicio en el embarazo fue un tema polémico, rodeado de mitos, temores e ideas equivocadas. Como señaló Nancy Campomanes, obstetra y docente de la carrera de obstetricia de la Universidad Científica del Sur a Hogar y Familia, algunas gestantes temen que moverse demasiado pueda provocar un aborto espontáneo o un parto prematuro. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado lo contrario, pues una rutina regular y moderada de ejercicio no solo es segura, sino que mejora la oxigenación materna y reduce el riesgo de complicaciones.
Pero, ¿qué sucede cuando el embarazo se vive desde la inactividad? ¿Realmente hay una diferencia tan marcada entre una gestante activa y una sedentaria? ¿Y qué hay de aquellas mujeres que nunca hicieron ejercicio antes y ahora no saben por dónde empezar?
El ejercicio en el embarazo aporta beneficios ampliamente respaldados por la ciencia, ya que mejora significativamente la salud materna y favorece el desarrollo adecuado del bebé. Según José Olavide, médico ginecoobstetra de la Clínica Ricardo Palma, una actividad física adecuada mejora la calidad del sueño y favorece el funcionamiento cardiovascular, aspecto clave considerando que el embarazo incrementa el gasto cardíaco, por lo que una mujer con un corazón entrenado se adapta mejor a estos cambios.
En esta misma línea, la obstetra destacó que el ejercicio ayuda a prevenir complicaciones como la diabetes gestacional, la hipertensión inducida por el embarazo y la preeclampsia. Básicamente, esto se debe a que la actividad física fortalece el sistema cardiovascular, mejora la circulación y contribuye a mantener niveles saludables de presión arterial y glucosa en sangre.
Las mujeres activas durante la gestación también tienen menor incidencia de problemas como el aumento excesivo de peso, dolores musculoesqueléticos y edemas.
A nivel emocional, la doctora Maribel Dextre, ginecóloga de Clínica Internacional, resaltó que el ejercicio estimula la liberación de endorfinas y disminuye el cortisol, mejorando el estado de ánimo, la autoestima y la conexión con el bebé, así como también reduce la percepción del dolor y la ansiedad.
También favorece una mejor recuperación postparto: acelera la recuperación del tono muscular, ayuda a recuperar el peso previo al embarazo, mejora la postura, la circulación y el control del suelo pélvico —clave para prevenir la incontinencia urinaria. Igualmente, disminuye el riesgo de depresión postparto, mejora la regulación emocional y reduce el estrés. Gracias al ejercicio, muchas mujeres suelen sentirse más seguras y conectadas durante la maternidad, lo que promueve una lactancia materna más exitosa.
Fuente: El Comercio
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