El jueves 20 de febrero tuve el gusto de asistir a la presentación de un libro de mi distinguido y admirado amigo, Simón García. El libro se llama: “La rosa y la hoz. El secuestro de una idea”. Cuenta con el prólogo del prestigioso politólogo de origen chileno Fernando Mires
El trabajo de Simón García versa sobre el tema del socialismo o de los socialismos. Su título hace alusión a las dos versiones del socialismo de mayor impacto en la historia contemporánea. La rosa apunta al llamado socialismo democrático. La hoz al llamado socialismo real o socialismo científico, cuya versión más dramática se produjo en la Unión Soviética en donde gobernó por más de 70 años.
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El Dr. Eduardo Fernández, es Presidente del Ifedec y Articulista de opinión de InfoTV24H.com, Premio Nacional de Periodismo Digital.
La palabra socialismo no es por cierto un término unívoco. Hay muchos socialismos. Muchos más de los que se puedan identificar con las dos palabras que sirven de título al libro de Simón: la rosa y la hoz. Con la misma palabra se han denominado regímenes tan diferentes como los que prevalecen en los países escandinavos, ejemplo de socialismo democrático, hasta los que tuvieron vigencia en la Unión Soviética o en los países de Europa Oriental, como el que existe en la República Popular China o en Corea del Norte. A nosotros, los venezolanos, nos tocó, por cierto, una de las peores versiones del socialismo que es el llamado socialismo del siglo XXI.
Desde que tengo uso de razón he sentido una gran desconfianza por el socialismo. Hay expresiones típicas de esta corriente de pensamiento y praxis política que me alejaron de él. Una de ellas es: la dictadura del proletariado. A mí las dictaduras no me gustan, aunque fueran del proletariado. Pero es que desde el principio se pudo ver clarísimamente que “el proletariado” estaba llamado a ser una víctima propiciatoria de una dictadura impuesta por el partido comunista y por la burocracia de ese partido. Tampoco me gustó nunca aquella frase de Carlos Marx según la cual “la violencia es la partera de la historia”. Aborrezco la violencia y me niego a simpatizar con una idea que propone a la violencia como “partera de la historia”.
Otra frase de Marx que me alejó del socialismo fue aquella según la cual “la religión es el opio del pueblo”. Creo en los valores del espíritu. Creo en Dios. Creo que mi religión cristiana-católica ha hecho mucho bien en la historia de la humanidad. Reconozco también que, en su nombre, se han cometido muchos crímenes. Pero una religión que defiende la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y del conjunto de las personas y que promueve el amor y la solidaridad entre todos los hombres no puede ser reducida a la etiqueta de “opio del pueblo”. Rechazo el materialismo, el dialéctico y el histórico.
Otra propuesta del socialismo que siempre me pareció equivocada fue la de la abolición de la propiedad privada. Me pareció “contra natura”. El progreso de la humanidad se debe a la existencia de un respeto fundamental por el principio de la propiedad con todas sus connotaciones sociales.
La dictadura del espacio me hace concluir estas líneas refiriéndome a un último concepto que me alejó siempre del socialismo y de su más cruda expresión: el comunismo. Me refiero a la subordinación que tenían los partidos políticos de la internacional comunista al dictado e intereses del partido comunista de la Unión Soviética. Recuerdo el sufrimiento de muchos amigos y compañeros que habían abrazado aquella orientación política cuando tuvieron que defender la invasión de los tanques soviéticos en Hungría o en Checoeslovaquia. Recuerdo el respeto y la admiración que me mereció el coraje de Teodoro Petkoff cuando escribió su libro “Checoeslovaquia” que representó su ruptura con el comunismo internacional.
Sobre ese tema podríamos conversar muchísimo más. Por ahora pongo punto final, pero advierto que:
Seguiremos conversando.
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