La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos, incluyendo quienes tienen más de 40 años, realicen al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana, complementados con ejercicios de fortalecimiento muscular dos veces por semana. Hacer ejercicio no solo contribuye a mantener el peso y la forma física, sino que también previene enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, cardiopatías y algunos tipos de cáncer. A partir de los 40, el cuerpo sufre transformaciones fisiológicas como la pérdida de masa muscular y ósea, que pueden mitigarse con entrenamiento funcional basado en movimientos naturales que imitan actividades cotidianas.
El entrenamiento funcional mejora movilidad, flexibilidad, fuerza y equilibrio, aspectos fundamentales para reducir el riesgo de caídas y lesiones, además de tener un impacto positivo en la salud mental, liberando endorfinas que disminuyen el estrés y mejoran el ánimo. Para quienes tienen 40 años o más, este tipo de ejercicios ayuda a mantener la autonomía y calidad de vida, retrasando los efectos del envejecimiento.
Desde los 40, el metabolismo basal disminuye entre un 2% y 5% por década, lo que hace crucial el ejercicio regular para mantener la masa muscular y evitar la acumulación de grasa abdominal, un factor de riesgo para enfermedades metabólicas.
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