Feligresía marcha para homenajear a los dos santos venezolanos

Miles de venezolanos tomaron hoy las calles de la capital en una manifestación de fe y alegría por la reciente canonización de los dos primeros santos del país: San José Gregorio Hernández y Santa Carmen Rendiles. La movilización, que parte de varios puntos emblemáticos de la ciudad, culmina en la Plaza de la Candelaria, simbolizando la devoción popular hacia estos iconos de la caridad y la santidad venezolana.

La marcha principal inicia en la Plaza Venezuela, específicamente en la Plaza Monumento de la Resistencia Indígena, y se une a concentraciones en Avenida Libertador, las instalaciones de CANTV y la Pasarela de la Cruz Roja en la Avenida Andrés Bello. Participantes de todas las edades, portando imágenes, banderas y oraciones, recorren las vías urbanas al ritmo de cánticos y testimonios de fe, en un ambiente de celebración colectiva que une a familias, comunidades parroquiales y fieles laicos.

 

Este júbilo responde a la histórica ceremonia de canonización presidida por el Papa León XIV el domingo 19 de octubre en la Plaza de San Pedro, ante miles de peregrinos. Durante el solemne acto, el prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos leyó las biografías de los beatos venezolanos y solicitó su inscripción en el Libro de los Santos. Tras la fórmula en latín pronunciada por el Pontífice, un estruendoso aplauso resonó en la plaza vaticana.

 

En su homilía, el Papa León XIV reflexionó sobre el poder transformador de la fe: «La fe, comparada con grandes bienes materiales y culturales, científicos y artísticos, sobresale; no porque estos bienes sean despreciables, sino porque sin fe pierden el sentido». Agregó: «Hoy están ante nosotros siete testigos, los nuevos santos y las nuevas santas, que con la gracia de Dios han mantenido encendida la lámpara de la fe, más aún, han sido ellos mismos lámparas capaces de difundir la luz de Cristo».

 

San José Gregorio Hernández, médico y humanitario caraqueño del siglo XIX, y Santa Carmen Rendiles, fundadora de las Siervas de Eucaristía en el siglo XX, representan el legado de servicio desinteresado y entrega total a los más necesitados. Su canonización no solo enaltece la tradición católica venezolana, sino que inspira a una nación en busca de esperanza y unidad.

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