«A partir de hoy se declara Gobierno de Transición Comunal al Socialismo con las 5 mil 336 Salas de Autogobierno (…) fuerzas concretas que debaten, participan, actúan y construyen territorios visibles para una nueva sociedad», afirmó, delineando además siete líneas de acción para 2026. Entre ellas destacó la ampliación del financiamiento a proyectos locales, el fortalecimiento de la economía comunal y el incremento de bancos comunales de 1.778 a 4.000 unidades.
Lejos de ser solo un anuncio institucional, la declaración opera también como una jugada estratégica que busca movilizar el tablero interno para que sea tematizado: Maduro capitaliza y reinterpreta el discurso de la oposición radical encabezada por María Corina Machado, que ha insistido en que “la transición política ya empezó”. En lugar de confrontar directamente esa narrativa, el chavismo la resignifica: acepta la idea de transición, pero asegura que no apunta al fin del ciclo chavista, sino a una profundización del socialismo. Así, convierte un concepto que la oposición utiliza como señal de ruptura en un instrumento para reforzar su hegemonía.
Desde la teoría del poder, el movimiento de Maduro puede leerse como una apropiación semántica calculada. Para la oposición, «transición» evoca un cambio de régimen y una apertura hacia el poder; para el sector oficial, pasa ahora a ser la ruta hacia un socialismo más estructurado, legitimado mediante la organización comunal.
Este discurso se enlaza con las consultas populares realizadas a lo largo de 2025, incluyendo las de octubre en barrios populares para definir prioridades territoriales, y con la creciente institucionalización del Estado Comunal, que desplaza gradualmente a las estructuras estatales tradicionales, como sería el actual ordenamiento federal que está conviviendo con esta estructura naciente.
La narrativa no proviene únicamente del presidente. Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV, reforzó esta visión en su programa Con el Mazo Dando: «Hemos ido avanzando a una transición al socialismo. Esa es la única transición que hay en Venezuela». Para Cabello, el proceso iniciado por Hugo Chávez es irreversible, y cualquier otra interpretación es una ilusión opositora.
¿Tremendismo político o estrategia desarticuladora?
Considerar este anuncio como un gesto de “tremendismo político” (una exageración contundente destinada a imponer un marco interpretativo) ayuda a comprender el momento. La oposición radical busca erosionar la legitimidad del sector oficial insistiendo en la inminencia del cambio político; el chavismo responde amplificando el concepto y apropiándose de él: la transición existe, pero es hacia un socialismo comunal articulado en miles de proyectos y metas concretas, como los 42.688 planes de desarrollo local previstos para 2026.
En un contexto marcado por sanciones internacionales, tensiones económicas, movilización de poderío militar foráneo en el mar Caribe y desafíos internos, el discurso comunal sirve para revitalizar a la base militante, retomar la narrativa fundacional del chavismo y generar algún tema interno que movilice a la opinión pública nacional en función de ello para contrarrestar encuadres discursivos que disputan al poder que son impuestos desde el exterior. Para los críticos, sin embargo, este esfuerzo podría ser un revestimiento ideológico que oculta la centralización del poder, donde las “salas de autogobierno” funcionan más como brazos del PSUV que como instancias genuinas de autogestión.
Sea una estrategia sofisticada o un gesto de reafirmación ideológica, lo cierto es que el chavismo ha logrado transformar una amenaza discursiva en un mecanismo de legitimación y conceptualización de una narrativa que desafiaba el dominio político. Toma el concepto de la oposición, lo reinterpreta y lo devuelve como una pieza más de su proyecto político.
Conclusión: Un Tablero Redefinido para 2026
La “transición al socialismo” anunciada por Maduro no es solo un lema; es un movimiento calculado que obliga a la oposición a responder dentro del terreno simbólico del chavismo. Falta ver si la narrativa opositora insistirá en el marco de una transición democrática o si buscará redefinir otra vez los términos del debate.
Con las líneas de acción ya planteadas para 2026, será el desarrollo político del próximo año el que determine si este reencuadre se consolida o si abre un nuevo capítulo de disputa discursiva en la ya compleja política venezolana.
Politólogo, Jesús Castillo Molleda.
www.jesuscastillomolleda.com
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