Las llamadas «zonas azules», regiones donde las poblaciones alcanzan mayor longevidad, muestran que la clave para una vida larga y saludable no está en ejercicios intensos, sino en la incorporación del movimiento natural diario. Caminar, subir escaleras, estiramientos suaves y actividades de meditación o respiración profunda forman parte de una rutina que equilibra cuerpo y mente.
Este modelo de actividad física integrada ayuda a minimizar el estrés, mejorar la función cardiovascular y mantener la movilidad sin generar desgaste extremo. Adoptar prácticas sencillas de movimiento natural es especialmente beneficioso para quienes tienen rutinas exhaustivas y poco tiempo para el ejercicio formal.
Incorporar movimiento natural modera el cortisol (hormona del estrés) y mejora la calidad del sueño, factores que suelen alterarse a esta edad y afectan la salud integral.
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