Los bombardeos destruyeron infraestructuras esenciales, agravando el bloqueo y dejando a más de un millón de personas, incluidos miles de niños, en riesgo extremo de hambruna y enfermedades prevenibles. La situación es tan crítica que organismos internacionales y funcionarios palestinos alertan sobre la inminente muerte por inanición de miles de menores, mientras la ayuda humanitaria sigue bloqueada.
En este contexto, el legado de solidaridad del Papa Francisco adquiere una relevancia especial. Hasta sus últimos días, el pontífice argentino se mantuvo en contacto diario con la única parroquia católica de Gaza, brindando apoyo moral y denunciando públicamente la «dramática e indigna crisis humanitaria» y la violencia contra la población civil, especialmente los niños.
Francisco insistió en que los niños de Gaza no son números, sino rostros e historias sagradas, y exhortó al mundo a no olvidarlos.
Como último gesto concreto antes de fallecer el 21 de abril, el papa Francisco dispuso que su papamóvil fuera transformado en una unidad móvil de asistencia médica para Gaza. El vehículo, ya en manos de Cáritas Jerusalén, es equipado con instrumental médico, vacunas, material de sutura y refrigeración para medicamentos esenciales, y será gestionado por profesionales de la salud para atender a los niños más vulnerables cuando se permita el acceso humanitario.
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