Plaka pide auxilio: Atenas se ahoga por su propia belleza

Plaka, el barrio histórico al pie de la majestuosa Acrópolis, está perdiendo el aliento. Sus residentes, testigos de una metamorfosis dolorosa, se rebelan contra la avalancha de turismo que amenaza con borrarla.

Lo que antes era el tranquilo espacio de una comunidad, hoy es un frenético ir y venir de maletas y una cacofonía de música que ahoga las voces de quienes llaman a este lugar hogar.

 

El símbolo de esta lucha es Giorgos Zafeiriou. Para él, el barrio que ha habitado por más de tres décadas es irreconocible.

 

Las aceras, que alguna vez fueron el escenario de la vida cotidiana, han sido tragadas por mesas de restaurantes, y los cubos de basura, desbordados, pintan un cuadro de abandono.

 

Este grito de auxilio resuena con una estadística abrumadora: se espera que Atenas reciba este año 10 millones de visitantes, un salto de 2 millones con respecto al año pasado.

 

La ciudad, antes considerada una simple escala para ir a las islas, se ha convertido en un destino en sí mismo. Plaka, con su legado milenario, se encuentra en el epicentro de esta marea humana, recibiendo a casi 4,5 millones de personas solo el año pasado.

 

Lydia Carras, de la asociación Ellet para la preservación cultural, lo dice sin rodeos: «No podemos dejar que pierda su alma».

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