El año 2025 resultó crucial en el conflicto de Sudán, caracterizado por drásticos cambios militares, un estancamiento diplomático y una persistente catástrofe humanitaria, considerada ampliamente como la mayor del mundo. En el ámbito militar, el año presenció un claro cambio de rumbo.
Las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) lograron avances significativos en el primer semestre, recuperando lugares clave como Wad Madani, el Palacio Presidencial y el Aeropuerto Internacional de Jartum, y declarando la capital libre de unidades de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Sin embargo, el analista militar Abdul-Jalil Ismail declaró a Xinhua que estos avances restauraron «el simbolismo del Estado», pero carecieron de «un marco político coherente», lo que permitió a las FAR reagruparse.
A partir de junio, las FAR lanzaron una importante ofensiva occidental, capturando El Fasher, Babanusa y el campo petrolífero de Heglig. El analista de conflictos Naji Ajeeb afirmó que esto creó una «división territorial de facto», con las Fuerzas de Respuesta Rápida controlando en gran medida el oeste de Sudán y las Fuerzas Armadas Sudanesas en las regiones central y oriental. Los esfuerzos diplomáticos, aunque intensificados, no produjeron avances. La hoja de ruta propuesta por el Cuarteto Internacional para una tregua y la transición no se implementó.
La fragmentación política se agravó. La formación de un gobierno paralelo alineado con las Fuerzas de Respuesta Rápida se vio correspondida con el nombramiento de un nuevo primer ministro por parte de las autoridades de transición. El analista Abdul-Rahim Al-Sunni advirtió que esta rivalidad corre el riesgo de una prolongada crisis de legitimidad, convirtiendo el conflicto «de una lucha por el poder a una lucha por la legitimidad». Las tendencias humanitarias fueron desiguales. La mejora de la seguridad en algunas zonas permitió el regreso de más de 3 millones de desplazados y refugiados.
Sin embargo, se confirmaron condiciones de hambruna en El Fasher y Kadugli, con otras 20 zonas en alto riesgo. Por tercer año consecutivo, Sudán encabezó las listas de emergencias mundiales. El experto humanitario Al-Samani Hamza advirtió sobre «un colapso generalizado de las condiciones de vida básicas, no una crisis humanitaria temporal». Sin un alto el fuego, «el hambre, las enfermedades y el desplazamiento seguirán aumentando», afirmó Hamza.
En última instancia, el año 2025 consolidó las duras realidades en lugar de aportar soluciones, dejando a Sudán enfrentado a una prolongada división y sufrimiento
Leave A Comment