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TRUMP Y CHAVEZ – Eduardo Fernández

A mi Chávez se me parece a Trump. También Trump se me parece a Chávez. Son líderes populistas. Arbitrarios. Atrabiliarios. Despóticos. Del mismo estilo que Putin en Rusia. Erdoğan en Turquía. Bukele en el Salvador. Milei en Argentina. Maduro en Venezuela

Es un fenotipo o prototipo de político contemporáneo. Creen tener todas las respuestas para todos los problemas. Les parece que el estado de derecho o la democracia misma son sistemas que obstruyen la acción del líder que sabe más que todos los demás.

Chávez, por ejemplo, creyó que él tenía derecho a derrocar al gobierno democrático que había sido elegido por el pueblo venezolano. Trump creyó que él era una autoridad superior al Congreso de los Estados Unidos. Autorizó a sus partidarios a invadir al capitolio y al senado norteamericano. Lo hizo porque sospechaba que el senado, actuando conforme a derecho, iba a ratificar la elección de Joe Biden como presidente de la nación. Chávez disolvió al Congreso venezolano y se inventó una Asamblea Nacional Constituyente, con poderes absolutos, para que redactara una Constitución que fortaleciera su poder.

Trump llega de nuevo a la Casa Blanca y, al día siguiente, anuncia que quiere convertir a su vecino del norte, Canadá, en el nuevo estado de la unión. Anuncia, también, que se propone revocar el acuerdo del presidente Carter con el gobierno de Panamá. Ese acuerdo había devuelto a Panamá la soberanía sobre el canal que lleva su nombre, pues es Panamá el país que, geográfica y legítimamente, debe ejercer la soberanía sobre ese territorio y sobre ese canal.
Anuncia que el Golfo de Méjico no debe llamarse más de esa manera sino Golfo de América. Ya es suficiente abuso que para los norteamericanos el nombre de su país es: “América”, cuando América es el nombre de todo el hemisferio occidental desde Alaska hasta la Patagonia. Anuncia también su propósito de anexarse el enorme territorio de Groenlandia sin ninguna consideración al hecho de que un país, amigo de los Estados Unidos y socio en la OTAN, llamado Dinamarca, es quien ejerce la soberanía sobre ese territorio.

Trump arremete contra los inmigrantes que han llegado o están llegando al territorio norteamericano, olvidando que ese país, esa gran potencia, la más grande del mundo, es un país construido por inmigrantes. Olvidando que su apellido: “Trump” no es un apellido vernáculo, sino que proviene de una familia de inmigrantes, y que dos de sus esposas fueron inmigrantes. Pero Trump ha llegado al colmo de la arbitrariedad con la política que asume para salir de los inmigrantes, que él considera inconvenientes, violando todas las normas del estado de derecho y de la democracia occidental.
Detienen a venezolanos, por ejemplo, y los acusan de pertenecer a una supuesta organización llamada el Tren de Aragua. Sin respetar la “presunción de inocencia”, ni el principio de que nadie puede ser considerado culpable de un delito sin haber sido juzgado por los jueces naturales y que nadie puede ser condenado sin que se respete el principio del debido proceso y del derecho a la defensa.

Para Trump y para su administración basta con que un venezolano, domiciliado en los Estados Unidos, tenga un tatuaje, en alguna parte de su cuerpo, para que se presuma que es parte de la misteriosa organización llamada el tren de Aragua y sea apresado y expulsado del territorio norteamericano.
Pero no contento con eso, el señor Trump no envía a sus víctimas a su país de origen, sino que los envía a una especie de “campos de concentración” que pone a sus órdenes el presidente de El Salvador en territorio de ese país. Por cierto, el propio presidente Bukele recibe a las víctimas de la política de Trump diciéndoles: “bienvenidos al infierno”.

La dupla Trump-Bukele viola otro principio fundamental de la democracia y es el de que nadie, aunque sea culpable, puede ser sometido a penas infamantes que violan la dignidad de la persona. Ellos mismos graban a los imputados mientras son sometidos a tratamientos abusivos y contrarios a los derechos humanos. Y los publican. Parece que se jactaran.
Y todo eso se hace desde el gobierno de la nación más poderosa del mundo. Nación que ha sido y debería seguir siendo referencia de los valores de la democracia occidental cristiana.

Horrible el ejemplo que están dando Trump y Bukele. Comparables al que han dado Chávez y Maduro. El Salvador y Guantánamo pasan a engrosar la lista de los campos de concentración, en los que, los regímenes que no respetan la cultura democrática, arrojan a los seres humanos que les resultan incomodos.

Seguiremos conversando.

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